cULTURA DE PENSAMIENTO . ¿Estamos formando al alumno que pide la sociedad del siglo XXI? ¿Qué nos pide el siglo XXI?

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Con esta primera  entrada, queremos propiciar la cultura del pensamiento en las aulas ayudándonos de los grandes teóricos de la materia y ofreciendo estrategias, ejemplos, referencias…. para llegar a infusionar las técnicas de aprender a pensar con los contenidos curriculares, y que nos conduzca a formar alumnado con pensamiento crítico y creativo.

Nuestro objetivo es claro, no se trata de ofrecer organizadores gráficos para aplicar directamente en el aula, lo que queremos es ayudar a concretar qué, cómo y cuándo enseñar a pensar en nuestras aulas para que el docente como experto en didáctica sea quien diseñe la cultura del pensamiento en su proyecto de centro compartido por todo el claustro y lo desarrolle en su aula con su grupo de alumnos y alumnas.

Una inquietud que se transforma en pregunta, ¿Estamos formando al alumno que pide la sociedad del siglo XXI? ¿Qué nos pide el siglo XXI?

Podemos encontrar respuesta a la pregunta en la lectura de Investigadores y teóricos del campo de la psicología, de la pedagogía y de la neurociencia. En sus escritos se repiten cuatro palabras claves: pensamiento, comunicación y colaboración, unidas a inteligencia emocional.

Formar a la persona del siglo XXI conlleva cambios en las escuelas, cambios que no pueden venir obligados desde la legislación porque está comprobado que no tiene sentido, el cambio debe ser generado desde dentro, desde la reflexión centrándonos en:

 

· El pensamiento debe impulsar los aprendizajes

· La colaboración creando equipos colaborativos donde el alumnado tiene un papel activo

· La comunicación , el diálogo entre el alumnado

· Y la emoción que nos impulsa a realizar los aprendizajes

Las aulas donde el alumnado solo escucha, realiza tareas mecánicas, no comunica lo que piensa, no interacciona para aprender, están en proceso de extinción porque enseguida les lleva a pensar, ¿esto para que me vale?, es una expresión que oímos cada vez antes en las aulas porque no le ven sentido a lo que estudian.

 

 

 

 

 

 

Centrar la reflexión en esos 4 puntos, nos tiene que hacer plantearnos ¿qué escuela quiero?, ¿qué alumnado queremos en nuestras aulas? ¿Promovemos la curiosidad, el pensamiento crítico, la motivación por aprender, el manejo y gestión emocional, la colaboración para construir… ?

 

Para que la respuesta a estas preguntas se haga realidad, hay que pasar por la reflexión individual de los docentes a nivel personal desde su valía y su contribución al grupo, y por la reflexión grupal plasmada en los PROYECTOS DE CENTRO que exige la interdependencia de todos los docentes del claustro, con la guía de los equipos directivos y la colaboración de los equipos de orientación. Los proyectos de centro entendidos como un elemento vivo de nuestra práctica docente que nos permite ponerlo en práctica, evaluarlo y mejorarlo.

Si conseguimos esa reflexión individual y grupal, todo el claustro de forma coordinada y a través de un aprendizaje explícito conseguiremos un producto final, alumnos y alumnas que han adquirido unas destrezas de pensamiento convirtiéndose en buenos pensadores, es lo mismo, nos dice David Swartz, que aprender un idioma. Este es el RETO.

 

Este post ofrece una recopilación de información teórica y práctica de diferentes autores para facilitar la reflexión individual y grupal de los centros, que ayude a la creación de proyectos de centro sólidos que nos de identidad y explique el porqué y el para qué de nuestra línea de acción docente. Al mismo tiempo ofrece referencias bibliográficas para crear la biblioteca docente que nos permita estar en continuo desarrollo de nuestra profesión. Igual esto nos hace salir de nuestra zona de confort a una zona incómoda, pero que no es permanente y nos hace crecer y mejorar profesionalmente.

Este reto abre líneas de acción docente que infusionan con las áreas curriculares, tienen el apoyo tecnológico y están respaldadas desde la neurociencia que nos está explicando continuamente como aprendemos. Estas son:

EN MUCHAS OCASIONES LES DECIMOS A NUESTROS ALUMNOS PIENSA… Y CADA VEZ SOMOS MAS CONSCIENTES DE LA NECESIDAD DE ENSEÑARLES DE FORMA SISTEMÁTICA, ESTRUCTURADA Y VISIBLE A PENSAR, CONTRIBUYENDO A QUE SEAN CADA VEZ MÁS COMPETENTES EN LAS CAPACIDADES DE APRENDER A APRENDER

 

MARCO TEÓRICO

Hablar de desarrollar la cultura del pensamiento es hablar de una línea metodológica de aprendizaje basado en el pensamiento que trabajada de forma sistemática nos lleva a desarrollar competencias de aprender a aprender a lo largo de la vida.

Esta línea metodológica nos habla de aprendizaje visible, destrezas de pensamiento, rutinas de pensamiento, inteligencias múltiples, hábitos de la mente, taxonomía de Bloom. Autores como Gardner, D. Perkins, R. Swartz, Arthurz Costa, Verkerk, Richart, Stenberg… les han dado evidencia científica y están llevados a la práctica en las aulas. Tienen sus antecedentes en los programas de desarrollo cognitivo de Feuerstein, Lipman…. que nacieron a finales del siglo XX desligados de las áreas curriculares.

R. Swart, Arthur L. Costa, Barry K. Beyer, Rebecca Reagan y Bena Kallick con diferentes lenguajes, diferentes conceptos y diferentes estrategias desembocan en una concepción única: lograr pensamiento eficaz que se adquiere a través de un proceso de enseñanza-aprendizaje que incluye la adquisición de destrezas de pensamiento, hábitos de la mente y estrategias de metacognición.

Me voy a centrar en los trabajos realizados por D. Perkins y R. Swartz. Ellos han desarrollado un método propio, el Thinking Based Learning o TBL, que favorece que el alumnado piense de forma eficaz utilizando de forma natural en su vida, estrategias de pensamiento. Esta forma de pensar, según este autor, es necesaria para la vida de nuestro alumnado, para el desarrollo de su profesión y para su participación en una sociedad democrática. Es una vía para tener éxito en sus estudios. Y es una forma de pensar que debemos aprender practicando y con la guía del docente.

Cuando nos plateamos enseñar a pensar el objetivo según D. Perkins (1997) es preparar al alumnado para que en el futuro puedan resolver problemas con eficacia, tomar decisiones bien meditadas y disfrutar de una vida de aprendizaje.

Si queremos alumnado con capacidad de generar pensamiento creativo, crítico y análitico – deductivo debemos incluir en nuestras programaciones el APRENDIZAJE BASADO EN EL PENSAMIENTO. Veamos para qué, qué, cómo y cuando.

 

PARA QUÉ trabajar la cultura del pensamiento?

Para formar buenos pensadores que sean capaces de tomar buenas decisiones, de dar buenas soluciones a los problemas y sepan realizar predicciones a partir de juicios, buscando la fiabilidad de la información. Según estos autores ningún alumno/a en la escuela debería abandonarla sin adquirir la competencia de pensamiento eficaz.

 

 

 

 

 

¿QUÉ tenemos que introducir en nuestras programaciones para adquirir estrategias de pensamiento?

Para trabajar cada contenido curricular, debemos hacerlo con:

 

 

¿CÓMO? Si nosotros queremos desarrollar competencias, debemos darles un lugar y un espacio de forma sistemática, y eso conlleva que estén en nuestras programaciones de aula de forma continuada en las diferentes áreas curriculares y con el apoyo tecnológico siempre que lo consideremos necesario.

Además, teniendo en cuenta que el mundo de nuestro alumnado trabaja de forma colaborativa y cooperativa, se debe trabajar poniendo el énfasis en el aprendizaje social, en la cooperación e interacción con los otros para conseguir entre todos el producto final y no de forma individual compitiendo con los demás. Si caminamos solos podremos ir más rápido, pero si caminamos juntos podremos llegar más lejos.

Y poniendo el foco en la inclusión, entendiendo que el mundo real está formado por diferentes personas con diferentes fortalezas y debilidades que trabajan de forma colaborativa.

 

 

¿CUÁNDO? Desde infantil, pasando por la etapa de educación primaria y en secundaria donde evolutivamente llegarán al pensamiento abstracto. Igual que necesitamos un lugar y un espacio, también necesitamos dedicarle tiempo sin prisas.

Continuamente oímos en las aulas piensa la respuesta y seguido estamos dando nosotros la respuesta sin dejar al alumnado tiempo para su elaboración. Lo hacemos no porque queramos, sabemos que es importante que sea el alumnado el que tiene que elaborar la respuesta … pero las aulas se han llenado de prisa porque se acaba la hora, porque tengo que acabar un temario, porque va a pasar al curso siguiente…. Y sabemos que las prisas no son amigas de pensar con reflexión, con elaboración. Si queremos que el alumnado adquiera destreza y rutina debemos darle tiempo.

 

 

Las prisas nos llevan a dar las respuestas antes de tiempo, a darles a nuestro alumnado los mapas conceptuales terminados para que los copien, a corregir sus pensamiento ofreciéndoles la solución sin que lleguen a aprender a partir del error. Y esto lo hacemos con la mejor intención pero debemos detenernos a pensar:

 

¿Qué necesita mi alumnado? ¿quiero que aprenda de forma eficaz? Si la respuesta es si, hay que dedicarle tiempo.

 

Con esta primera entrada hemos querido propiciar la reflexion individual y grupal como educadores para conseguir que el alumnado adquieran habilidades, estrategias  a través del pensamiento de una forma activa promoviendo la comunicación a través de la emoción que impulsa el aprendizaje. 

En una segunda entrada profundizaremos sobre ¿Qué tenemos que introducir en nuestras programaciones, de forma infusionada con los contenidos curriculares, para adquirir estrategias de pensamiento  y  hábitos de la mente que les conduzca a pensar de forma eficaz?

Para ello definiremos que es el “pensamiento eficaz”, que son las destrezas de pensamiento, las rutinas e pensamiento , hábitos de la mente y el proceso de metacognición entre otros “ingredientes” para la construcción del aprendizaje.  Cómo debería ser el proceso de enseñanza y aprendizaje a través de un proceso de programación en espiral.  Y la evaluación del proceso de pensamiento eficaz. 

 

 

 

 

Para saber mas:

Con corazón y cerebro: Net learning: aprendizaje basado en la neurociencia, la emoción y el pensamiento. Martín Pinos Quíllez.

El NET Learning o Aprendizaje basado en la Neurociencia, las Emociones y el Pensamiento conecta aspectos esenciales del ser humano que la educación tradicional ha desatendido o, en el mejor de los casos, agregado sin considerar sus posibles interacciones. A partir de los últimos hallazgos sobre cómo aprende el cerebro y entendiendo que son los procesos de aprendizaje los que deben decidir los de enseñanza, y no a la inversa, Pinos desarrolla seis recursos metodológicos contrastados: neuroeducación, educación emocional, aprendizaje basado en el pensamiento, aprendizaje cooperativo, metodologíade proyectos y evaluación nutritiva, que vienen prologados por algunas de las más reconocidas personalidades en estos campos, como David Bueno, Robert Swartz, Roberto Aguado, Mila Naranjo, José Ramón Lago, Ana Basterra y Neus Sanmartí.

 

 

El Aprendizaje Basado En El Pensamiento: Cómo desarrollar en los alumnos las competencias del siglo XXI. Robert J. Swartz , Arthur L. Costa , Barry K. Beyer, Rebecca Reagan , Bena Kallick 

Una guía didáctica repleta de casos prácticos y reales a través de los cuales se extraen las claves para aplicar el Aprendizaje basado en el Pensamiento al aula. Además, sus autores defienden que este método no solo consigue transformar el rendimiento mental dentro de la clase, también proporciona a los alumnos las herramientas necesarias para el día a día y el futuro que les espera.

 

 

 

Pensar para aprender en el aula: Lecciones de Aprendizaje Basado en el Pensamiento para Educación Primaria. Robert J. Swartz.

Esta obra es un conjunto de lecciones reales en las que docentes formados en el Aprendizaje Basado en el Pensamiento (TBL) enseñan a sus alumnos a ser buenos pensadores.

 

 

 

 

Pensar para Aprender: Cómo transformar El Aprendizaje en el Aula con el TBL. Robert J. Swartz.

Se trata de la puesta en práctica de un pensamiento colaborativo, ya que se trabaja en grupos de tres, cuatro o cinco personas que comparten y comentan sus ideas, conectadas por un sentimiento de empatía y por el deseo de buscar juntas la mejor solución a cualquier problema. Para lograrlo, es clave el papel de los docentes, que guían y motivan su aprendizaje mediante preguntas abiertas que activan su pensamiento.

 


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